Interés Humano

Decenas de familiares, allegados y miembros de la comunidad llegaron hasta la Funeraria Levittown Memorial.
EL VOCERO/Angel L Vázquez

Da inicio velatorio a víctimas masacre

Por Ana Teresa Toro
EL VOCERO
21 de octubre de 2009 05:00 am

“¿Quién es usted? Yo quiero que se vaya de aquí”. Con esas palabras un familiar de una de las víctimas fatales de la masacre acontecida el pasado sábado en la noche en Sabana Seca, Toa Baja dejó claro que hay límites que la prensa no debe ignorar.

La escena aconteció ayer a eso de las dos de la tarde en la Funeraria Levittown Memorial donde los cuerpos de José A. Hernández Martínez “Jochy”, John H. García Martínez “Cayon” y Samuel Ruiz Martínez eran velados por decenas de familiares, allegados y miembros de la comunidad que se solidarizaron con el dolor de los que tendrán que cargar con la secuela más dura de la masacre: el dolor de los que se quedan.

Hombres, mujeres y niños de todas las edades merodeaban la funeraria con marcas evidentes de llanto viejo. Varios oficiales de la Policía se mantenían alertas ante la posibilidad de cualquier evento lamentable e inesperado.

Al entrar a la funeraria el olor a ropa vieja, humedad de aire acondicionado y mezcla de esencias de flores tristes se juntaba para tratar de opacar ese olor a muerte tan distintivo de esos espacios. Al fondo, en una de las capillas, una mujer gritaba como si le desgarraran algo por dentro. Gritos histéricos, desesperados. Estaba sentada frente al féretro de “mi hijo, mi único hijo”, como alcanzaba a decir entre gritos de rabia y de pena.

Los asistentes a la funeraria eran una suerte de tribu. Se conocían. Bastaba un roce en el hombro o un gesto con la cabeza para comunicar con elocuencia lo que era preciso. En las capillas, a lo lejos, podía verse que las víctimas fatales serían sepultadas con fotografías de momentos felices y algunos objetos personales. No se escuchaban rosarios, quizás era muy temprano. Sobraban las miradas recelosas y llenas de suspicacia e incomodidad ante cualquier presencia extraña. Entraban y salían coronas humildes, sencillas, de barrio. Coronas con algunas margaritas y varias rosas.

Ver la escena, recibir las miradas de reprobación de los asistentes al funeral –una suerte de tribu con gestos y lenguaje común ante el cual es muy fácil sentirse extranjero- era poner sobre la mesa el debate en torno a: ¿hasta qué punto es humano narrar el dolor ajeno? Por un lado, hablar de un cifra no significa nada si no se habla de los retazos de pena que deja la violencia, del ser que ha muerto, de que le gustaba la playa porque hay una foto de la persona en la arena, que le gustaba el béisbol y será enterrado con la gorra de su equipo favorito. Todo eso en un intento de humanizar el número, de hacer humana la cifra, de hacerla real y cotidiana. Por el otro lado, está la invasión insensible, el estoicismo obligado que intenta contar el dolor sin sentirlo. Ha de ser imposible conciliar esos opuestos o será que no hay manera posible de contar el desgarramiento de una familia sin acercarse lo suficiente a la herida, a la ruptura en carne viva que se les escucha en el llanto y se les ve en la rabia con la que protegen lo único suyo, su pena que es propia.

Mientras, en la Calle Progreso no se escuchaban gritos. De camino al lugar, el tapón de las tres de la tarde frente a la Escuela Francisca Dávila Semprit se presentaba como un intento de recuperar algo de cotidianidad. El restaurante chino, la gomera, la farmacia; todos los negocios seguían operando. En la calle algunos policías, y la gente metida en sus casas. A La Tómbola, ese negocio que hoy tiene las paredes perforadas, le quedaban marcas de la noche de fiesta, una pegatina, una carpa. No había mucho más. Ha sido suficiente.

Comentarios

 Nombre  Comentario 
detodoslaenvidia@yahoo*
10-21-2009
05:18:08 PM
wow,que triste verdad?gente esta persona que hizo esta masacre estaba o esta endemoniada y debe de acudir donde alquien que le saque ese demonio antes de que lo agarren o se entreque ,no eran cerdos los que le quito la vida.eran seres humanos y que quizas no le debian a el nada.pero aunque asi fuera el no debio actuar asi habian gente inocente en ese sitio .por esto nada mas yo siendo gobernador lo trasladaria a estados unidos donde le apliquen a este asesino la * de muerte ,a sangre fria tambiem se que tiene madre y me perdone pero el merece eso o algo peor ,dios dale fuerzas a estas personas que hoy lloran dicha perdida ,pero dale fuerzas tambien a esta madre del asesino para que pueda afrontar su dolor de tener un hijo * ,* ,*.
Noel
10-21-2009
02:30:01 PM
Lo que yo creo que la reportera quiere describir en este reportaje a al lejano oeste (tombstone) donde estaban las personas mirando al forastero que recien llegaba y el que se podia percibir el olor a muerte.
Luciano Pavarotti
10-21-2009
01:44:02 PM
Quien escribió éste reportaje lo hizo como si fuera un cuento. Suerte de Tribu se llamaria...jiji "such is life"
Natalia Negroni
10-21-2009
11:07:35 AM
Desde que existe el hombre, hemos desarrollado un apego y amor especial hacia la familia. En momentos de dolor, se agradece infinitamente una palabra de aliento, apoyo, un estoy contigo. Pero, duele mucho que la prensa seudo-amarillista se lucre del dolor ajeno y no respete espacios considerados sagrados. Quizas el rechazo a la periodista hirio sus sentimiento o su "profesionalismo" y se distinguio hoy de poeta. Ojala nunca tenga que pasar por un trago tan amargo similar...
raul feliciano
10-21-2009
06:42:27 AM
PUERTO RICO o LA CIUDAD JUAREZ DEL CARIBE.
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